domingo, 14 de noviembre de 2010

En el país de Nunca Jamás

Esta noche me he propuesto escribir un cuento, pero no un cuento cualquiera, un bonito cuento de esos con final feliz. Quiero terminar comiendo perdices a pesar de que no las he probado en mi vida.

Alguna vez fui princesa, no recuerdo bien en qué momento dejé de serlo, pero por algo se empieza.
Nunca tuve un reino, aunque siempre consideré mi entorno como tal.
Nunca conocí a mi príncipe azul, aunque alguna vez creí haberlo encontrado.
Nunca tuve una calabaza que se convirtiese en carruaje pero eso no me impidió llegar a ningún sitio.
Mi hada madrina dimitió tras años de fracasos consecutivos.
Aunque me encanta dormir, nunca fui lo suficientemente bella.
No sé si habrá ratones en mi casa, pero desde luego mañana no tendré un precioso vestido confeccionado con las cortinas.
Mi voz no es de lo más melodiosa, y los pajaritos no me acompañan cuando canto.
Tengo zapatos muy incómodos, no de cristal, pero incómodos al fin y al cabo...
También tengo madrastra, aunque ninguna gana de incluirla en mi cuento.

Mi planteamiento, en apariencia sencillo y claro, se complicó cuando llegamos al nudo. Lo que empezó siendo un nudo, acabó siendo un enredo.  Y si tan difícil se me hace, siendo creadora omnisciente, alcanzar un desenlace...
Suspiro, resignandome a esperar mi final feliz en un cuento defectuoso.

3 comentarios:

  1. ¿como puede ser un final feliz para uno, si uno no es religioso?
    Y si es feliz, joder! NO LO ACABES!! :p

    ResponderEliminar
  2. q sepas q tu hada madrina sigue aquí, nena lo de Mexico fueron sólo unas vacaciones, sigo conjurando y haciendo hechizos pero cuesta coger el truco, no pierdas la esperanza y algún día tndrás el carruaje en la puerta y sinceramnt mejor q el príncipe no sea azul... en todo caso negrito pero azul.... eso es raro raro raro!

    ResponderEliminar
  3. "y con Dios mantuve un pacto demasiado triste
    el jamás habla conmigo y yo no digo que él no existe" Nach

    ResponderEliminar